En el tejido empresarial extremeño, la empresa familiar no es solo un modelo de negocio, es el verdadero motor de nuestra economía. Las cifras hablan por sí solas: las empresas familiares representan el 90,6% del tejido empresarial de nuestra región, generan el 73,8% del empleo y aportan cerca del 77% del Valor Añadido Bruto (VAB) empresarial.
Los cambios generacionales o las relaciones entre familiares suponen en multitud de ocasiones el fin de muchos negocios familiares que han venido funcionando durante muchos años e incluso generaciones. ¿Cuántas veces los empresarios se han planteado qué será del negocio que tanto les ha costado construir, cuando ya no estén y las nuevas generaciones les sustituyan, a la vista de las situaciones que concurren en cada casa?.
Evitar el paso del tiempo y las fricciones inherentes a la condición humana no es posible, pero ahuyentar esos fantasmas y afrontar el futuro con tranquilidad sí lo es a través de una adecuada planificación del futuro mediante la suscripción de pactos de socios que marquen las reglas del juego cuando las aguas aún están en calma.